Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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Mongoles en Bagdad

Bagdad, la capital de Irak, fue durante quinientos años un gran centro de ciencias, letras y artes. Allí, inmersos en un bellísimo escenario repleto de grandes palacios y ricas mezquitas, filósofos, matemáticos, poetas y astrónomos producían obras preciosas que enriquecían la civilización.

Sin embargo, en 1258, los ejércitos mongoles de Hulagu Kan, nieto de Gengis Kan, invadieron la ciudad. Todo fue saqueado, devastado y destruido por el fuego. Las calles y plazas quedaron inundadas de sangre y los libros de las grandes bibliotecas fueron arrojados al río Tigris, formando un puente sobre el cual los mongoles pasaban a caballo.

Conté esa historia para mis hijas y ellas consideraron que los mongoles fueron "muy tontos". Después de todo, si ellos consiguieron conquistar la ciudad, ¿para qué destruirla? ¿Un palacio o una biblioteca no son más útiles en pie que en ruinas?

Quedé feliz al darme cuenta de que mis hijas son más inteligentes que los mongoles. Por otro lado, ellas no entendieron una cosa: la maldad, el vicio, la barbarie e la ignorancia nutren en el hombre valores muy diferentes de aquellos que los sabios cultivan.

Para los bárbaros ignorantes, tanto los de aquellos días como los de hoy, la virtud, el respeto, el saber, el orden y la decencia no valen nada. Ellos ríen de estas cosas y no las buscan, demostrando que el pecado deshumaniza al ser humano, lanzándolo a la condición de un bruto irracional (Jud 10).

¿Será que hay mongoles en nuestra Bagdad, es decir, en medio del pueblo de Dios? ¿Será que hay personas en las iglesias que desprecian la decencia, el saber y las cosas nobles? Es bueno tener cuidado. Está claro que los mongoles son "muy tontos", pero mira como destruyen.

Pr. Marcos Granconato

Soli Deo gloria

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