Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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Disciplina y Expansión

Edward Gibbon fue uno de los más grandes historiadores del siglo XVIII. En su obra más famosa, Decadencia y Caída del Imperio Romano, enumera las razones por las cuales, según sus pesquisas, el cristianismo creció tanto en los primeros siglos.

Entre esas razones, algunas llaman mucho la atención, a saber: el celo inflexible de los cristianos; la doctrina de la vida futura; la pura y austera moralidad de los creyentes; y la unión y disciplina de la iglesia.

Las dos últimas razones son comentadas por Gibbon de modo curioso. Él dice que la pureza de los cristianos provenía de su arrepentimiento de los pecados pasados y del laudable deseo de defender la reputación de la iglesia en la que se habían integrado.

Según él, la disciplina (¡la cuarta razón para el crecimiento!) recaía sobre los creyentes que no se mantenían en una vida de pureza y se constituía en una gran fuerza de la iglesia. Sin ella, conforme creían los cristianos de la época, la cristiandad llegaría a su fin.

Todo esto demuestra que aquellos que dicen que la disciplina perjudica el avance de la iglesia están equivocados. La historia del cristianismo revela exactamente lo contrario: el cristianismo se extendió en todo el mundo en un tiempo récord porque la iglesia, entre otras cosas, practicaba la disciplina enseñada en el Nuevo Testamento (Mt 18.15-19; 1Cor 5.1-11).

Por lo tanto, que quede lejos de nosotros la idea de que la disciplina bíblica es desnecesaria o incluso ruin. Recordemos que fue el propio Señor quien la instituyó y lo hizo, sin duda, por el bien de su querido rebaño.

Por eso, no resistamos en hacer la voluntad de Cristo y apliquemos la punición bíblica a todo pecador obstinado. No hacerlo nos tornará rebeldes como ellos.

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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