Sexta, 15 de Novembro de 2019
   
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El Patito Feo

Hans Christian Andersen (1805-1875) fue un escritor muy creativo. Él escribió la famosa historia titulada El Patito Feo. Todos conocemos esa historia. Un huevo de cisne, por casualidad, es incubado por una pata. Cuando el ave nace, las demás crías se asustan con su apariencia tan diferente y comienzan a despreciarlo y perseguirlo. El extraño patito, entonces solo, sufre y llora, sintiéndose la peor criatura que hay en la tierra.

La historia continúa así hasta que, al final, nuestro héroe descubre que tiene un aspecto diferente porque, de hecho, no es un pato. Él es un cisne; un hermoso cisne blanco, un ave linda y muy superior a los patos de quinta categoría que encontramos en el campo.

El creyente, mientras vive en este mundo, es como el patito feo. Los patos, pollos y buitres a su alrededor miran para él y se burlan, sintiéndose más inteligente, capaces y superiores. Graznando y cacareando, dicen cosas horribles, haciendo que el cristiano se sienta triste, humillado y despreciado.

Sin embargo, esta situación no es definitiva. Como en el cuento de Andersen, hay un final sorprendente. El apóstol Juan escribió: "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no es manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos cómo él es" (1Jn 3.2).

Así, un día, la gloria de los hijos de Dios será revelada (Rm 8.18-19) y, entonces, por toda la eternidad, los perdidos descubrirán, perplejos, que quienes ellos despreciaron como a las más viles criaturas del mundo son, realmente, los cisnes blancos de Dios.

Por eso, el creyente no debe dejarse tomar por la tristeza cuando los incrédulos abrieren el pico para atormentarle. Antes, debe recordar que es un cisne y que, un día, el universo entero verá la belleza de su noble condición.

Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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