Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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Suicidio Eclesiástico

La disciplina eclesiástica es la medida adoptada por la iglesia para expulsar de su seno a un hermano (o alguien que se dice hermano) que desobedece obstinadamente la enseñanza bíblica, sin aceptar jamás ninguna corrección (Mt 18.15-17). Esta expulsión es equivalente a entregar la persona al poder de Satanás para que bajo este nuevo "señor" sea acosada de terribles aflicciones y, arrepentida, vuelva a Dios, sometiéndose a su Palabra, antes de que ocurra algo peor (1Cor 5.4-5).

La disciplina es una medida tan seria que sólo puede ser aplicada después que innúmeros intentos para rescatar a la persona resulten infructíferos. Sin embargo, una vez administrada implica la expulsión total del impenitente, de tal modo que los creyentes no se relacionen más con él (Mt 18.17; 1Cor 5.11).

La IBR practica esta forma de disciplina bíblica y, debido a esto, es criticada por mucha gente que no entiende la eclesiología del Nuevo Testamento. De hecho, en los escritos de los apóstoles aprendemos que las bases sobre las cuales se establece la práctica de la disciplina eclesiástica son dos. Son bases descriptivas de la iglesia verdadera. La primera es la unidad; la segunda es la pureza.

Siendo la Iglesia considerada un solo cuerpo, compuesto por varios y diferentes miembros (1Cor 12.12), es evidente que la enfermedad de uno compromete la salud de todos (1Cor 5.6). De esto se deduce que la disciplina bíblica es fundamental para la supervivencia de la iglesia. Cuando ella no se aplica, todos los miembros son afectados por la enfermedad de uno sólo y la muerte del cuerpo llega a ser apenas cuestión de tiempo.

En cuanto a la segunda base, la pureza, es esencial para el mantenimiento de la identidad del pueblo de Dios. El mundo es inmundo, pero la iglesia debe revelar las virtudes de Dios en medio de ellos (Ef 5.8-13; Flp 2.14-16). Si no lo hace, desaparecerán las distinciones y el mensaje que predicamos no dará ninguna evidencia de ser verdadero.

Por todo eso, la disciplina bíblica, por más dolorosa que sea, debe aplicarse cuando sea necesario. Ignorarla es un lento suicidio eclesial.

Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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