Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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La Muerte y la Fama

Recientemente, la Internet fue invadida por noticias y fotos relacionadas con la muerte del cantante Michael Jackson y del actor Patrick Swayze. Las informaciones incluyen hechos sobre la vida, carrera, amigos y fans.

Si recuerdo bien, antes de la muerte de estos astros, ellos no ocupaban el espacio en los medios de comunicación que ahora ocupan. Lo mismo ocurrió con Cazuza y Raúl Seixas, que tomaron una posición destacada entre los literatos que antes no tenían.

Sin embargo, la experiencia nos hace prever lo que ocurrirá con las insistentes noticias sobre Michael Jackson y Patrick Swayze: acabarán. Las noticias diarias pasarán a ser semanales, después mensuales y luego durante algunos años, se hablará de estos astros en el aniversario de sus muertes. Esto ocurrirá hasta que pasen al archivo muerto de la fama.

En ese sentido, el Señor Jesucristo es una persona singular en la historia de la humanidad. Vivió al comienzo del primer siglo en la provincia más alejada de la capital del Imperio Romano y se relacionó con un pueblo que, dada su separación de otros pueblos, era despreciado y hasta odiado en muchas partes del mundo. Estuvo ante autoridades, pero se abstuvo de hacer discursos célebres y de conmover a la masa. Su muerte cruel tuvo lugar entre ladrones y su entierro ocurrió apresuradamente en un lugar cercano. Sus fieles seguidores no pasaban de un poco más de cien personas. Ante los ojos humanos, Jesús era un hombre común, nacido en un pueblo común, viviendo y muriendo entre personas comunes. No tenía nada que valiese para ser comentado fuera de ahí.

Sin embargo, en menos de dos meses después de su muerte, sus seguidores fueron multiplicados decenas de veces y en menos de treinta años ya tenía discípulos por todo el Imperio Romano. Desde entonces el crecimiento de su Iglesia fue siempre notable y el tiempo jamás hizo con que su nombre fuese olvidado o ignorado. Después de dos milenios, podemos contar por millones a aquellos que creen en Jesús y que le rinden culto en los cinco continentes.

Es cierto que sociólogos y especialistas en el campo de la ciencia de la religión tienen muchas teorías sobre esto, pero la verdad es que no se trataba de un hombre común. Jesús Cristo es Dios (Juan 1.1) que encarnó a través de un nacimiento humano (Juan 1.14; Gálatas 4.4) para morir por los pecadores y salvarlos de la condenación eterna (Juan 10.17,18; 1Corintios 15.3,4; 1Pedro 3.18). Este mismo Jesús, que resucitó y que está vivo, ahora concede perdón y vida eterna a todos quienes creen en él como Dios y Salvador (Juan 3.15,16; Hechos 4.12; Romanos 10.9; 1Juan 5.11,13,20).

Por esta razón, todos aquellos que consideran a Jesús un hombre famoso, pero común, son contradichos y confundidos por la evidencia de los efectos que él produjo en el mundo antiguo y que produce aún más en nuestros días. Por otro lado, aquellos que creen en Jesús como su Salvador personal tienen la esperanza verdadera de habitar con su Dios y Señor por toda la eternidad, no con el recuerdo de un muerto, mas ante la presencia de un vivo.

Por lo tanto, ¿en cuál de los dos cree usted?

Pr. Thomas Tronco

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