Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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Flores y Lodo

¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? Sus oídos son incircuncisos, y no pueden oír; y la palabra del Señor les es cosa vergonzosa, ¡no la aman! (Jeremías 6.10)

Cuando la lluvia riega la tierra, produce dos resultados: si cae en tierra buena y preparada, produce flores y hierba verde; si cae en tierra mala y calva, sólo producirá lama y lodo.

La Palabra de Dios es como la lluvia y nuestro corazón como la tierra. Sólo una es el agua que riega nuestra vida. Sin embargo, los corazones son diferentes. Es por eso que, al aprender la Palabra, algunas personas crecen, evalúan su vida, se arrepienten, buscan mejorar y así fructifican. Otras, con todo, cuando se ven ante la verdad revelada por Dios, se rebelan, mueven la cabeza, se sublevan contra ella y contra quien la expone, atacan y se sienten ofendidos. De hecho, el agua límpida que cae sobre la tierra mala hace surgir un escenario feo, sucio y resbaladizo.

¿Qué efecto produce la Palabra de Dios en nosotros? Provoca indignación, rencor y ganas de discutir o, como lluvia en tierra buena, ¿hace brotar en nosotros la reflexión sincera y, luego, las flores más hermosas de la virtud?

Sólo los corazones que reciben con humildad y devoción la Palabra de Dios se convierten en jardines. Los demás siempre serán lodo, demostrando la rebeldía que siempre antecede a la desgracia perenne.

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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