Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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¡Habrase Visto!

La calle donde yo vivía no tenía pavimento y, para empeorar la situación, la prefectura había cavado enormes canales para instalar la nueva red de agua. Debido a la lluvia, ¡el barro era terrible!

Andando descalzo sobre los montes de tierra, allá iba yo rumbo al emporio a comprar no sé qué para mi madre. Fue entonces que vi a una señora muy bien vestida que bajaba por la calle con el paraguas abierto, amasando el barro con zapatos de tacón alto. “¡Habrase visto, andar así en el barro!”, pensé.

Al  pasar por ella, la señora me dirigió una pregunta:

-Chico, ¿esta es la calle B?

-Sí, sí es – respondí.

Ella agradeció y pensó mirando hacia mí: “¡Habrase visto, andar así en el barro!”

Seguí mi camino y cuando volví allá estaba la misma señora, caminando muy lentamente, sin tener cómo evitar el barro. Saltando sobre los montículos de tierra yo la alcancé y fui andando a su lado. Ella me preguntó:

-¿Sabes si es en esta calle que vive doña Maria Mendes?

-¡Doña Maria es mi abuela! Vivimos allí en aquella casa.

Aquella señora era una creyente que, movida por el sentido de deber cristiano, estaba yendo a visitar a mi abuela. ¡Cuánto sacrificio para hacer una visita! Y, sin embargo, ¡aquella mujer proseguía!

Muchos creyentes piensan que visitar es responsabilidad exclusiva del pastor. La Biblia, sin embargo, no enseña eso. Ella dice que visitar es una de las principales prácticas de aquellos que viven una religión pura y sin mácula (Stg 1.27).

A veces olvidamos eso y ni notamos quien está ausente, enfermo o necesitado. ¡Habrase visto!

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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