Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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La Parábola del Restaurante

Cierto hombre se mudó a una ciudad por causa de su nuevo empleo. Siendo soltero y viviendo fuera de la casa de sus padres, necesitaba urgentemente encontrar un restaurante donde pudiese comer diariamente.

En la búsqueda de un lugar donde alimentarse, el hombre encontró un hermoso restaurante que rápidamente llamaba la atención por su bella fachada de mármol y su amplio estacionamiento. Al entrar, notó la bellísima decoración, las sillas con asientos tapizados y el excelente conjunto musical que, incluso, ya había grabado algunos CD's.

Nuestro amigo tomó lugar en una de las mesas. "¡Encontré el restaurante correcto!", pensó. Una vez acomodado, hizo su pedido. ¡El plato del día! Fue luego servido y... ¡Que decepción! La comida era poca y de pésima calidad. La verdad, ¡parecía hasta medio estropeada! "Pero" - concluyó nuestro héroe - "creo que voy a comer todos los días aquí mismo. Al final de cuentas es el mayor restaurante de la ciudad. ¡Y cómo ese conjunto toca bien!".

El tiempo pasó y aquel hombre adelgazó, enfermó, casi murió. Pero continuó yendo en dicho restaurante y hasta le comenzó a gustar la comida ruin.

¿Acaso no es exactamente como nuestro personaje que muchas personas escogen también sus iglesias? Ellas tienen todo en cuenta, menos lo que les es servido. No es sin razón que rápidamente se debilitan y en el día a día demuestran total ausencia de vigor espiritual. ¡Quien tiene oídos para oír, oiga!

 

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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