Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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El Joven de la Cara Fea

Una nueva pareja estaba viniendo a la iglesia. Fui a visitarla. Al llegar a la residencia descubrí que la familia era más grande de lo que me imaginaba: la pareja tenía dos hijos adolescentes y uno de ellos estaba en casa.

 

La madre me presentó al joven y él me fulminó con la mirada. Su rostro rebelaba una ira enorme. El joven no sonreía, no hablaba, apenas nos miraba con el semblante fruncido. Sus cejas quedaban así: \ /

 

Aún con un poco de recelo le invité para ir a la iglesia el domingo (por supuesto que él no fue). Luego, acabé mi visita y me fui antes que recibiese una pedrada.

 

Meses más tarde tuvimos un desayuno de Pascua en la iglesia y cuál no fue mi sorpresa al ver al joven de la cara fea allí. Participó en todo y, en el momento del culto, escuchó el mensaje. Hice una especie de apelación y él se manifestó diciendo creer ahora en Cristo como Salvador.

 

Después del culto, fui a conversar con él y le pregunté por qué tomó aquella decisión. Entonces él abrió una sonrisa (¡!) y dijo: "Pastor, cuando usted habló del perdón de Jesús, sentí una alegría tan grande, pero tan grande, que no me pude contener. ¡Tenía que aceptarlo!".

 

Aquel joven nunca más volvió a tener el semblante ruin. Tuve el placer de bautizarlo y me convertí en su amigo. Hace algunas semanas lo vi en Atibaia, trabajando en un condominio. Intercambiamos algunas palabras. Sus cejas estaban así: / \

 

Cuando Cristo cambia el corazón todo lo demás cambia. Realmente, si alguien está en Cristo, es una nueva criatura (2Co 5.17).

 

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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