Sábado, 19 de Outubro de 2019
   
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El Reino y la Gallina

Honorio fue un emperador romano que reinó desde 395 a 423 d.C. Él era apasionado por gallinas. Su favorita se llamaba Roma.

En el año 410, Honorio estaba en su casa de campo escondiéndose de los ejércitos de Alarico, el invasor godo.

 

Cuando, finalmente, la capital del Imperio cayó, un mensajero dijo al emperador: “¡Perdimos Roma!”. Honorio quedó arrasado y sólo se sintió mejor después que le explicaron que el mensajero estaba hablando de la capital del Imperio y no de la gallina.

 

Todos los creyentes son descritos en la Biblia como príncipes de un Reino glorioso (1Pe 2.9). Sin embargo, no todos parecen colocar los intereses de este Reino por encima de sus pasiones e intereses personales. En el corazón de ellos los asuntos del Reino no ocupan el primer lugar y, por eso, se deprimen cuando sus negocios y planes van mal, en cuanto se mantienen indiferentes ante las necesidades, luchas y perjuicios que advienen a la Causa del Maestre.

 

La historia de Honorio nos hace reír, pero hay una sentido en el que somos como él. Siempre que cuidamos del descanso, del esparcimiento, del trabajo, del estudio, del dinero y de los bienes y, para eso, dejamos de lado el culto público, la comunión de los santos, la visita a los hermanos enfermos, la contribución y las labores de la iglesia que necesitan de nuestro apoyo, demostramos que amamos más a nuestras gallinas que a nuestro Reino.

 

Como resultado de todo eso, muchas veces la Causa declina, debilita su impacto y las fronteras del Reino se expanden lentamente. Es triste, pero, en general, incluso con las pérdidas del Reino, tenemos un consuelo similar al de Honorio: ¡la gallina está bien!

 

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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