Quinta, 13 de Agosto de 2020
   
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El Soldado que Mató a Jesús

¿Quién mató al Señor Jesucristo? Esta pregunta se puede responder de varias maneras y todas ellas presentan la Biblia como base. Alguien podría decir que la muerte de Jesús tuvo como causa al mismo Dios, ya que la Biblia dice que Dios envió a Jesús con la finalidad de, con su sangre, rescatar al mundo (Rm 8.32).

 

Otros podrían decir que nadie puede ser responsabilizado por la muerte de Cristo, pues, según las propias palabras del Maestro, nadie le quitó la vida. Antes, él la dio espontáneamente (Jn 10.17-18).

 

En nuestro país existe una fuerte tendencia a culpar Judas por la muerte de Jesús. Y, en efecto, el Señor mismo dijo que la culpa del traidor era mayor que la del propio Poncio Pilatos (Jn 19.11).

 

Hablando de Pilatos, la iglesia primitiva parece haber visto en él, en Herodes y en las autoridades judías, los principales villanos de la historia del Calvario, además de los soldados romanos y el pueblo judío en general (Hch 4.27; 7.52).

Al parecer estas respuestas no se oponen entre sí, sino que se complementan, ya que todas tienen buenos fundamentos.

Sin embargo, hay otro grupo de culpables de la crucifixión de Cristo. Son aquellos que, después de conocer y experimentar la verdad, la abandonan. El autor de Hebreos dice que esas personas crucifican para sí mismos al hijo de Dios (Hb 6.4-6).

 

Además de estos asesinos modernos, Pablo habla de otros que Dios considera como ejecutores de su Hijo: son aquellos que participan de la Cena con pecado en su vida (1Cor 11.27). De estos asesinos de Jesús ni siempre recordamos, aunque algunos de ellos surjan de vez en cuando en nuestro medio.

 

Es por eso que hay precisión teológica en el sueño de cierto hombre. Él soñó que el Señor Jesús estaba echado sobre una piedra y que delante de él estaba un soldado romano con un puñal. De repente, el soldado levantó el puñal para clavarlo en el pecho del Señor.  Desesperado, el hombre que soñaba gritó: “¡No!”. A continuación, el soldado que estaba de espaldas se volvió y ¡¿cuál no fue la sorpresa de nuestro soñador?! ¡El soldado era él mismo!

 

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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