Quinta, 13 de Agosto de 2020
   
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El Cisma de los Cordones Coloridos

Ocurrió en una pequeña iglesia en Alemania. Era día de la Cena y un joven estaba ayudando en la distribución de los elementos. Cuando él se acercó a un señor de edad avanzada, éste le dijo que no participaría. Más tarde, el anciano explicó que no quiso participar de la Cena porque quedó escandalizado con los cordones que el joven estaba usando en los zapatos en el momento de la distribución. Según él, los cordones eran de diferentes colores y no se armonizaban con la solemnidad propia de aquél momento.

Los líderes de la iglesia supieron del problema y resolvieron tomar providencias para que la antipatía entre el joven y el anciano no perdurase. Decidieron entonces promover un té en el que ambos, como se esperaba, conversarían un poco.

 

La estrategia comenzó a tener éxito. Durante el té, el anciano habló sobre su juventud, su formación, sus valores y su modo de ver la vida. El joven, a su vez, habló del mundo en que él vivía, sobre el ambiente en la escuela, sobre lo que le gustaba y sobre el modo de ser de sus amigos.

 

Poco a poco, una gran amistad comenzó a surgir entre los dos, y al cabo de varios otros tés, uno fue comprendiendo al otro, descubriendo porque eran diferentes y dándose cuenta de las cosas buenas que existían en las desigualdades que los separaban.

 

En poco tiempo un profundo respeto brotó entre aquellos hermanos tan diferentes. Tanto así que en los días de la Cena, el joven nunca más usó cordones coloridos y el anciano, por su parte, nunca más miró sus zapatos.

 

Es así que funciona la casa de Dios. En ella hay concordia y disposición amigable. En ella todos ceden por amor el uno del otro. En ella se mantiene la unidad del Espíritu por el vínculo de la paz (Ef 4.3). Todos sabemos sobre eso. Después de todo, ¿no es así también en nuestra iglesia?

 

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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