Domingo, 05 de Julho de 2020
   
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Cuatro Razones Básicas para el Rechazo de la Doctrina de la Pérdida de la Salvación

La enseñanza bíblica que afirma que el creyente no pierde la salvación es llamada  técnicamente de doctrina de la perseverancia de los santos. Se trata de uno de los temas principales defendidos por el Calvinismo. Esta doctrina tuvo como mayor oponente, dentro del Protestantismo, al sistema idealizado por el teólogo holandés Jacobo Arminio (1560-1609). Entre otras cosas, el Arminianismo niega la fórmula "una vez salvo, salvo para siempre". Aunque ese modelo haya sido condenado por el Sínodo de Dort (1618-1619), muchas iglesias evangélicas modernas lo adoptan, siendo posible encontrar sus exponentes entre bautistas, asambleanos (principalmente) y presbiterianos (sorprendentemente).

 

Hay por lo menos cuatro razones básicas para rechazar la doctrina de la pérdida de la salvación:

 

1. La salvación abarca una secuencia de acciones de Dios que comienza en la eternidad pasada y concluye con la glorificación perenne en el futuro (Rm 8.29-30).

 

Considerando la soberanía y el poder de Dios, esa secuencia no puede ser frustrada o interrumpida. De hecho, en la referencia citada podemos ver que la cadena de salvación muestra su eslabón inicial cuando Dios conoce de antemano y predestina aquellos a quien decide alcanzar. A continuación, llama y justifica a esas personas, glorificándolas al final. Por supuesto, no hay ninguna manera de romper este proceso, estando la salvación garantizada, incluso por el sello del Espíritu (Ef 1.13-14). Además, es absurdo concebir el Dios de la Biblia como un ser incapaz, que predestina a alguien para salvarlo, llamarlo y justificarlo, pero al final no consigue glorificarlo.

 

2. La salvación implica "nuevo nacimiento".

 

Jesús enseñó que el hombre salvo es aquel que es nacido de nuevo por la fe en él y que ahora puede ver el Reino celestial (Jn 3.3). Se sabe también que quien nace de nuevo se torna un hijo de Dios (Jn 1.12-13; 1Jn 5.1). Evidentemente, para perder estas bendiciones, el creyente tendría que "desnascer". Y más: si quisiese recuperarlas tendría que nacer de nuevo otra vez. Mas estas posibilidades no existen en las Escrituras. Nacer de nuevo o ser regenerado, tornándose hijo de Dios, es una experiencia única e, infaliblemente, da como resultado la salvación del creyente (Gal 3.26-29).

 

3. La salvación no puede ser atribuida a personas que profesaron temporalmente la fe.

 

Varios pasajes bíblicos hablan de personas que, participando en la comunión de los creyentes, testimoniaron e incluso experimentaron bendiciones maravillosas, cayendo luego en apostasía (Hb 6.4-6). No es correcto, sin embargo, decir que estas personas perdieron la salvación. En realidad, nunca fueron salvas (1Jn 2.19). Esto es evidente, porque se aprende en la Parábola del Sembrador que la prueba de la fe salvadora es la perseverancia (Mt 13.1-23). Quien no persevera nunca fue realmente salvo (1Ts 5.23-24; Hb 10.39; 1Pe 5.10; 1Jn 5.4-5).

 

4. La salvación no puede ser anulada por el pecado individual del creyente.

 

En 1Corintios 5.1-5, Pablo habla de un creyente que tenía un relacionamiento sexual con la mujer de su propio padre. Era un pecado tan grave que él dice no ser común ni siquiera entre los paganos (v.1), debiendo ese hombre ser "entregado a Satanás" (v.5), lo que significa ser expulsado de la iglesia (v.13). Eso, sin embargo, no ocasionó que él perdiese la salvación. En verdad, Pablo dice que la disciplina podría traer la destrucción del cuerpo, pero que el espíritu de ese hombre sería salvo (v.5). Además, en 1Jn 2.1, aprendemos que si un creyente peca, eso no produce su condenación eterna, pero si su defensa, hecha por un "Abogado junto al Padre: Jesucristo, el Justo".

 

Estas son sólo algunas de las razones porque debemos rechazar la doctrina de la pérdida de la salvación. Otros textos que hablan de la seguridad del creyente son: Jn 10.28-29; Rm 8.33-34; 1Cor 3.15 y Hb 7.25.

 

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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